El intercambio que no pudo ser

Semanas atrás, Pedro Prieto Pérez presentó en la revista “15 / 15 \ 15”, el interesantísimo trabajo de divulgación sobre recursos (energía y materiales), del físico Tom Murphy, profesor de la Universidad de California en San Diego. La enjundia de la nota, parece más que justificada, en tanto la trayectoria del profesor Murphy resulta impresionante: docente del Departamento de Físicade la Universidad, ha sido “Director Asociado” del “Centro de Astrofísica y Ciencias Espaciales” (CASS). 

Con un doctorado en Física por el “Instituto de Tecnología de California” (Caltech) y un posdoctorado de la “Universidad de Washington” (UDub), el Dr. Murphy se dedica a la astrofísica y especialmente a la investigación y aplicación de la relatividad general de Einstein a cierto tipo de fenómenos.

Pero el profesor Murphy desarrolla, además, una faceta de enorme importancia y compromiso: sostiene una  fundamentada divulgación respecto a “los límites materiales objetivos” de los recursos de los que nos valemos para el sostenimiento de todas nuestras actividades. 

Leyendo la última entrada de su blog, titulada,¿Por qué preocuparse por el colapso?”, tuve la sensación de que, quizá, podría ser capaz de transmitirle mi impresión, mi idea, respecto a cierto nivel de ausencia, de equilibrio, en su análisis. ¿Qué osadía, verdad?

Dicho con la más absoluta y radical modestia, una carencia que transita por el terreno de nuestra singular y empecinada capacidad para mirar dentro de un arco de dimensión estable, por no decir, rígido.

¡Pero no fue posible! Un día después de enviadas mis disquisiciones, escritas, por cierto, en una lengua que no es la suya, se colgó el cartel “Los comentarios están cerrados”. Como creo, respetuosamente, que lo que le sucede al profesor Murphy, nos sucede a todas las personas, reproduzco aquí las líneas que llegué a enviarle, sin fortuna:


Apreciado amigo: estoy seguro que admitirá que escriba en mi lengua materna, el Castellano, pues no hablo inglés. Imagino que también podrá, llegado el caso y al igual que yo, valerse de alguna de las aplicaciones que realizan la traducción de un texto cualquiera con un alto grado de eficiencia. Es extraordinario comprobar la evolución de la tecnología aplicada a la comunicación. Lo que han logrado en los últimos 15 años resulta admirable.

He leído su largo artículo en dos oportunidades, al igual que a muchas de las contribuciones de quienes participan con sus puntos de vista a través del foro. Tengo que decir que la presentación de lo que motiva sus reflexiones y afecta su sensibilidad, forma parte de mis preocupaciones desde hace  casi dos décadas.

Comencé a reflexionar acerca de la existencia de límites materiales a nuestro desenvolvimiento de manera casi fortuita, como resultado de un estado de ánimo caracterizado por la frustración política y el concomitante desasosiego; y la posibilidad de verdadero acopio informativo, fruto del acceso a internet mediante banda ancha.

Además, y a decir verdad, semejante estado de cosas posee un punto de partida, una causa primera, que no es ni más ni menos que la búsqueda desesperada de alternativas a una situación de severo empobrecimiento familiar al que nos vimos sometidos en nuestro país de origen, a partir de la aplicación, sin piedad, de políticas de ajuste sobre los sectores asalariados. 

La migración a otro sitio nos puso a salvo, y, a la postre, terminaría por convertirse en el inicio de una nueva forma de abordar la realidad, cuyos antecedentes y contenido, basados en la solidaridad y el compromiso con soluciones de naturaleza colectiva, al que jamás he renunciado ni lo haré, dio paso a un pensamiento crítico y, ciertamente, escasamente atractivo.

Sin embargo, considero que el contexto y la forma de insertarnos en él, resulta extraordinariamente importante. La manera en la que interactuamos con nuestros semejantes, condicionada, en general, por nuestro origen socioeconómico, base material a partir de la cual edificamos nuestras creencias, valores y sensibilidad, no puede subestimarse bajo ninguna circunstancia.

Intentaré ser un poco más preciso: son conocidas las objeciones que se presentan al PIB como un instrumento insuficiente e incapaz de evaluar la calidad de vida de las personas de una sociedad dada. Su objeto, propio de la naturaleza de la economía del dinero, consiste 

en expresar monetariamente la producción de bienes y servicios en un período de tiempo específico. No perdamos de vista que el propósito fundamental de dicha economía, consiste en acrecentar la posesión del capital-dinero en manos del propietario privado, siendo la producción de mercancías, en el más amplio sentido del término, el medio del que se vale para materializar semejante operación.

Ni siquiera el PIB per cápita, cociente entre el volumen monetario y la correspondiente población, escapa a la crítica cargada de razones que le han vuelto insatisfactorio. La broma de las 3 personas, los 3 pollos y cociente 1, ejemplifica a las mil maravillas que la distribución del producto se encuentra mediada por la propiedad (o posesión efectiva) en tanto el ejemplo omite que una de las personas posee dos de los tres bienes.

Pero lo anterior, con ser cierto (y lo es),no debería de conducirnos a perder de vista que las especificidades, visto como el nivel de desarrollo relativo, son también, bajo determinadas circunstancias, de extraordinaria importancia. Dicho en otras palabras y nada más que a título de ejemplo: es incuestionable que los Estados Unidos de Norteamérica poseen un sistema de salud que maneja, por una parte, una cifra enorme de recursos, en tanto alrededor de 40 o 50 millones de personas carecen de asistencia sanitaria. 

Luego, el problema es de naturaleza distributiva y por lo tanto perteneciente al terreno de la economía política, ¿Se comprende que para que algo sea sometido al reparto tiene que estar dotado de naturaleza tangible? De allí que la noción clásica de nivel de desarrollo, entendida como la dimensión del stock de capital, no deba ser despreciada sin más, so pena de intentar establecer semejanzas entre peras y manzanas.

En síntesis: la mirada de aquellos actores sensibles, lúcidos y solidarios, que provienen del denominado mundo desarrollado y se refieren, críticamente, al concepto de crecimiento infinito como factor indeseable, no deberían olvidar que la solución no puede ser única e irremplazable, como la propuesta impulsada por los divulgadores y propagandistas del decrecimiento.

Antes bien, deberíamos meditar si la superación de la forma de producción dominante, que somete vidas y destinos a la rentabilidad del capital y a su crecimiento sin fin, llegando a valerse de técnicas tan increíbles como la obsolescencia programada, no resulta una precondición inobjetable de cualquier otro rumbo por el que se pretenda transitar.

Gracias por su consideración y paciencia.

Sergio Washington Piñeiro Miguens, Valencia, España.

2 comentarios sobre “El intercambio que no pudo ser

  1. (Comparto el mail personal recibido a manera de respuesta de un apreciado amigo, con su consentimiento)

    Hola Sergio,

    ¿Cómo estás?

    Yo ya llevo el segundo fin de semana de resaca. Hace un poco más de una semana nos dieron una primera dosis de AstraZeneca y cuando por la noche hice mi papel de “experto” en la introducción a la presentación del cuarto concierto para piano y la cuarta sinfonía del ciclo Beethoven, empecé a sentir los efectos colaterales de la vacuna. Terminé dos días sudando la cama y con dolores en todo el cuerpo. La resaca de este fin de semana tiene su origen en una excelente cerveza artesanal de una nueva cervecería chiquita, pero me asustó el efecto que se siente como si los efectos de la vacuna todavía estuvieran debilitando mi sistema.

    De todas maneras, me muestra la fragilidad de mi equilibrio entre salud física, mental y las presiones del trabajo y de mis proyectos adicionales que tratan de llenar el vacío de sentido que me causan las horas perdidas en la burocracia de la “cooperación internacional”.

    Por supuesto y como prácticamente todos los procesos de “intercambio” fuera de un círculo bien limitado de amigos, mi trabajo está dominado por la lógica del mercado y el afán de la empresa, aunque su dueño sea el estado, de crecer a todo costo. Aunque estemos trabajando con plata pública, regalada, donada para apoyar a los pobres, para – en mi caso – restaurar ecosistemas (=plantar árboles) para crear una economía rural más resiliente al cambio climático, estamos como cualquier industria siendo dirigidos por los especialistas de mercadeo y finanzas. Además, trabajamos obligatoriamente con el sector público y con gobiernos que son siempre parte del problema, muchas veces su origen y casi nunca pueden o quieren contribuir a la solución.

    Mi actitud crítica hacia nuestro trabajo me está quitando la motivación necesaria para seguir o tal vez tratar de mejorar algunas cositas que puedan estar en mi poder.

    Para mejorar la calidad de nuestro trabajo y hasta lograr un impacto, necesitamos orientarnos en los principios del “Degrowth” y/o por lo menos tomar las ideas de sostenibilidad en serio:

    Darles más tiempo a los procesos, involucrar de manera más decisiva a los beneficiarios y actores locales, no sustituir lo que la gente local pueda hacer por propios medios, investigar los motivos más profundos que nos llevaron a la situación actual, en vez de sembrar árboles mejor revertir las causas que llevan a la gente de quemar el monte todos los años… Al fin: apoyar procesos locales de autoorganización, movilización de recursos propios, crear liderazgo e interés auténtico en las comunidades….

    Pero el mundo de la plata y de la política funciona de arriba para abajo y cada vez más. Es en el nombre de la eficiencia y obviamente en el interés del poder.

    Ahí estoy entre el sueño de salvar el mundo a través de la reforestación de nuestra pequeña finca y la necesidad de alimentar el monstruo para poder mantener financieramente abierta la posibilidad de estar cerca de mis padres.

    Sería bueno encontrar un camino de crear sentido desde cambios que pueda promover desde adentro del monstruo…pero no sé dónde empezar.

    Escribo esto, porque pienso que tiene algo que ver con la misma discusión que no se dio, entre el astrofísico que (supuestamente, no lo leí) resalta la existencia de límites materiales del desarrollo económico y tu réplica.

    No se si entendí bien el sentido de tu réplica. Deduzco que se trata de la vieja pregunta si podemos sanar dentro de un sistema enfermo. La discusión entre “reforma” o “revolución” como vía de cambio. Pero si tenemos que cambiar primero el sistema para después poder implementar “políticas sostenibles”, estaríamos igualmente fritos. A veces bromeo: Por favor avísenme cuando estalla la revolución mundial. No me la quiero perder, pero mientras tanto tratemos de hacer lo posible y realista que ya está a nuestras manos.

    No creo que se va a lograr antes del colapso. Tampoco estoy seguro si va a producir algo bueno.

    Quisiera tener una respuesta. Una visión de happy end. Es absurdo pero humano: aceptar la impotencia y despedirse de la belleza del mundo que estamos matando. Siempre estaba seguro de que la naturaleza misma, vista desde la perspectiva taoista-budista es la única solución real. Y al mismo tiempo entender que todo este mundo material y la historia humana es una sola parábola sobre la trágica inutilidad de la ambición individualista.

    Está la historia budista de la palomita que tenía tanta compasión con el bosque que estaba en llamas que ella voló miles de veces desde el lago al bosque para llevarle unas gotas de agua en su piquito. No apagó el incendio y se murió por el sobreesfuerzo, pero la alternativa hubiera sido perder o negar su compasión.

    No estoy seguro si capté bien la lógica o los motivos de tu diálogo unilateral con Murphy. Pero quería compartir mi reacción y la trampa en la cual estoy dando mis vueltas.

    Un fuerte abrazo!

    Jan

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    1. Gracias Jan. Son bellas tus palabras y agradezco, de corazón, tu participación sincera.

      Otro querido amigo, a partir de una mirada más personal, seguro que inducido por el “exordio” que acompañaba al PDF, me ha dado una respuesta. (Entre paréntesis, con las recomendaciones de ambos, en cuanto a música, terminaré esta aclaración).

      Entre tanto, algún otro apreciado compañero me ha dicho que “lo sentía”, refiriéndose a la imposibilidad de trabar un hipotético “diálogo” con el profesor Murphy. El profesor Murphy se encontraría con demasiada tarea, (“¡está muy liado!”). Otros compañeros no han dado ni siquiera el recibido.

      Confieso que también le hice llegar el texto a una publicación amiga, de la que tampoco he tenido respuesta y estoy seguro que no la tendré. ¡¡¡Los límites de la amplitud son bastante estrechos!!!

      Bien.

      Unas cuantas palabras más: existen algunos enunciados cuya contundencia parecen alcanzar el absoluto. Su sola mención deja automáticamente al margen cualquier otra consideración. En acuerdo con lo que nos ocupa, el siguiente constituye un impecable ejemplo: “en un planeta finito, no es posible crecer infinitamente”. ¿Qué puede oponerse al respecto? ¡Nada! Pero de lo que se afirma, no debe deducirse lo que no dice, ni mucho menos un programa de acción. Una obviedad no tan obvia.

      Volvamos al caso de los EEUU: la nación norteamericana tiene el PIB más grande del planeta, creo que de unos 20 o 21 billones de dólares; consume la mayor cantidad de recursos energéticos del mundo, si mal no recuerdo el 25 %; y es el segundo país más contaminante de la tierra, con la emisión anual de unos 5 mil millones de toneladas de CO2, creo que desde los años 90.

      No obstante, los niveles de desigualdad en aquel país, entendido como el derecho de acceso a ciertos bienes básicos y esenciales, son enormes. El caso de la salud, ya mencionado, resulta paradigmático. Pero es que respecto a otros asuntos, como la violencia del aparato del estado sobre ciertos sectores de las clases subalternas (el racismo extremo y la conducta criminal e impune de la policía, sin ir más lejos), imponen meditar cuanto de sensato posee la consigna del decrecimiento, frente a una realidad caracterizada por el dominio extremo de los valores de la economía del dinero. ¿De verdad se cree que la consigna del decrecimiento tiene alguna posibilidad de ser compartida en aquella nación?

      Por supuesto que también es posible argüir, no se me escapa en absoluto, que si de distancias se trata, seguro que nada se encuentra más alejado (especialmente de las clases populares de aquel país), que el ideal del socialismo. Por ello, la intervención política no la veo como antagónica a…, sino como colaborativa con… . ¿Se comprende?

      Termino con lo de más arriba.

      Sugerido por mi querido amigo Pepe Tapia, aunque en la grabación la obra se encuentra antecedida por la maravillosa sinfonía Nº 3 de Robert Schumann,

      1 – “La Canción de la Tierra” de Gustav Mahler:

      “El firmamento será siempre azul
      y la tierra reverdecerá en primavera.
      Pero tú, hombre, ¿cuánto vivirás?
      ¡No tienes ni un siglo para gozar
      de todas las vanidades putrefactas
      de esta Tierra!”

      https://www.br-klassik.de/video/20180126-so-simon-rattle-schumann-mahler-konzert-video-102.html

      2 – (K)ein Sommernachtstraum, de Alfred Schnittke:

      De Jan:

      1 – Scriabin, “El poema del Éxtasis” y la emoción desbordante de Petrenko:

      2 – Mozart, Symphony No. 35 “Haffner”:

      3 – Haydn, Symphony No.96 In D Major, Hob.I:96 – “The Miracle” – 1. Adagio – Allegro:

      Nada más.

      Besos y abrazos sin mascarilla.

      Sergio.

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