El reconocimiento de los límites.

Juan Carlos Jobet Eluchans, biministro de Estado de Chile

La desordenada nota que seguidamente presento ante ustedes, encuentra en el personaje de la simpática y natural fotografía, el estímulo que faltaba para decir algunas de las cosas que vienen “torturándome” en el último período.

Son sus declaraciones al medio de comunicación “El Pinguino”, en un reportaje que toma por título algunas de las expresiones vertidas en la entrevista, una manifestación de un campechanismo político desenfadado e infeliz, que en otras latitudes prefiere denominarse, con aire de aversión, populismo a secas, aunque muchos de quienes utilizan la palabrita como al dedillo, carezcan de los conocimientos y hasta de las cualidades políticas que le serían, contrario sensu, atribuibles, si no fuera porque su comportamiento resulta, ese sí … repulsivamente populista.

Pero sigamos. En el marco del Green New Deal y su versión chilena, el contexto del texto, a resultas de su visita a la “Región de Magallanes”, y luego de afirmar la excepcionalidad del lugar y sus potencialidad para “producir el hidrógeno verde más barato del mundo”, aunque, (¡maticemos, maticemos!), “no va a ocurrir de la noche a la mañana”, dice, el bimi, como parte de su respuesta a la interrogante del impacto en la vida de las personas corrientes y molientes:

“El hidrógeno es lo mismo que el gas natural, pero la gracia que tiene es que, a diferencia de este, no produce tanta contaminación como los gases de efecto invernadero. Y por eso será tan importante en el futuro, porque va a permitir que lo usemos para transporte, en nuestras casas y en las industrias”.

Y así, continuó con su visita, con la misma naturalidad con la que el reportero o reportera (género o génera, jeje), hizo como que no escuchaba, aunque escuchaba como con altavoces.


Parece mentira que tengan que abordarse estos asuntos intentando clarificar lo básico, a los efectos de realizar un mínimo de pedagogía. Se trata de principios elementales que se estudian en las etapas más tempranas de la educación formal y que deberían manejarse con la suficiente soltura, para que obraran como barrera ética y moral, ante la multitud de mercachifles que intentan presentarnos el invento del tebeo del día siguiente.

Además, quien no haya, como su servidor, superado la escuela elemental, posee las herramientas alternativas al alcance de un clic, para que nadie pueda decirle que, de igual forma en la que se distribuye el gas que llega a su domicilio por la red de tuberías o mediante la convencional bombona, así habrá de suceder con el hidrógeno, más eficiente y de la limpidez del cristal.

Las posibilidades del hidrógeno son extraordinarias, al igual que la complejidad de su manejo para las actividades corrientes en las que se pretende que oficie de sustituto.¡Claro que se produce con enorme seguridad, se traslada sin riesgos y se aplica en una gran variedad de actividades desde hace décadas! Pero si hay algo que carece de “gracia”, precisamente, es que todos estos procesos están caracterizados por entornos complejos (algunos enormemente complejos, como los motores de los transbordadores de la NASA que queman hidrógeno líquido), cuyo exponente más “conocido”, resultaría ser la pila de combustible, un dispositivo de funcionamiento sencillo, pero que requiere de una infraestructura capaz de comprimir un gas a 700 bar o licuarlo a 256º C bajo cero.

¿Significa, entonces, que el Hidrógeno Verde, como exponente estrella del Green New Deal, es una patraña que carece por completo de toda seriedad? ¿Que el sinnúmero de técnicos, académicos y personalidades de diferentes ámbitos y sólidos conocimientos que abogan por la constitución de la economía del hidrógeno, terminan por favorecer el engaño?

¡Sería ridículo, por mi parte, sostener algo semejante!. No creo que, en general y de manera deliberada y consciente, participen de una puesta en escena llamada a perpetuar la ignorancia mediante el sostenimiento de una ficción. Creo, contrariamente, que se trata de personas, en su abrumadora mayoría, bien inspiradas, a quienes estamos obligados a escuchar, leer y estudiar.

No obstante, hay un aspecto denominado independencia de criterio, íntimo e irrenunciable, al que, naturalmente, debe caracterizar el sentido común y la modestia personal, que, quizá, pueda ayudar a comprender mi punto de vista: en números redondos, la sociedad contemporánea utiliza 14 mi millones de toneladas de petróleo equivalente de energía primaria. Es decir: 1 Tonelada, que equivale a 1000 Kilos, multiplicado por 14 mil millones. En cifras, 14.000.000.000 de toneladas.

¿Saben cuántas toneladas de H2 de alta pureza se produce, en promedio, en el mundo? ¡¡Alrededor de 70 millones de toneladas*!! Y los costes para su obtención, por si fuera poco, se encuentran muy pero que muy lejos de ser evaluados como limpios, ni mucho menos sujetos al principio de obtención verde, que parece debería dominar su explotación.Quién tenga dudas, puede visitar el sitio de la IEA dedicada al hidrógeno.

En síntesis: no puede ni debe afirmarse que la llamada “Economía del Hidrógeno” no sea posible. Pero corresponde sostener, sin vacilaciones de ningún tipo, que se encuentra a una distancia enorme respecto a los fines que se enuncian como al alcance de la mano; y que, como debería suceder ante situaciones de tan alta trascendencia, como la demanda creciente respecto el suministro ininterrumpido de energía y materiales de la sociedad moderna, que habremos de enfrentarnos, antes, y nos guste o no, a un cuello de botella semejante a un abismo.

Un saludo.

******************************

* Corresponde realizar la siguiente precisión, descartada en un principio en tanto me pareció irrelevante: el hidrógeno tiene algo más de 3 veces el contenido energético por unidad de masa (MJ/tonelada) que varios de los combustibles corrientes, como el petróleo crudo, el keroseno o el gasóleo. Por lo tanto, la cifra correcta expresada en Mtep, sería de unas 210 millones de toneladas.

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