¡Va, tía, tío,venga, está que te cagas!

Celebración resultados elecciones Comunidad de Madrid 04.05.21

Me “impongo” una brevísima digresión. Un tanto contradictoria, cierto, pero, imagino, excusable. Tiene que ver, en algo, con las elecciones a la “Asambles de Madrid” y el entronizamiento definitivo del “ayusismo”, esto es, la derecha posfranquista de siempre, con algún matíz irrelevante.

Poca cosa basta; no hay nada nuevo bajo el sol. El franquismo sociológico posee en Madrid una destacada e indesmentible presencia, que puede, por circunstancias de coyuntura, presentar altibajos, claro. Pero su naturaleza obedece a factores capaces de sobreponerse al traspié de la penúltima jornada. Cuando toca, marcan presencia. Ya he escrito respecto al predicamento histórico del pensamiento conservador, desde el fondo de la historia, en estas latitudes. Algunos niegan semejante cosa, buscando no sé que supuesta tradición de izquierda indeleble al paso del tiempo. Hacen lo mismo respecto al republicanismo y la religión. En fin …

Pero lo trascendente es la renuncia de Pablo Iglesias a sus cargos de toda naturaleza y, especialmente, a sus pretensiones. Adelanto que su partida me llena de satisfacción. Se trata de un demagogo y un cínico, un sujeto sin escrúpulos de ninguna naturaleza, con pretensiones al ejercicio dictatorial no sólo entre sus amanuenses y los feligreses de su cofradía. Iglesias representa a la peor versión de la izquierda histórica, lo que ya es todo un “mérito”.

Si aquella permanece en un silencio vergonzoso, esperando que el paso del tiempo le redima y el olvido le haga potable nuevamente, éste lo dilapidó entero y sin miramientos, en menos que canta un gallo. Por supuesto que no hay sorpresa alguna, factor inesperado al que poder aferrarse, evento meteorológico, cometa, eclipse, erupción solar ni ningún otro fenómeno al que poder apelar. Estaba cantado y nada ni nadie podría haberlo evitado.

Quiero sí relacionar la idea expuesta con determinación suicida por Juan Carlos Monedero, respecto al CI de los votantes del ayusismo, con las expresiones que he elegido para el título. Es ridículo sostener que en la sociedad española o cualquier otra, la inteligencia juega algún papel a la hora de votar. Y por supuesto que ofensivo, como se han encargado de señalar sus adversarios y, hasta hace dos días, camaradas de partido. Errejón, por nombre; después de Iglesias, la cosa más oportunista que pueda concebirse.

Pero hay un punto de contacto: el individualismo desenfrenado que esgrime la sociedad española, en la que produce sonrojo oír hablar del irrefrenable deseo pospandémico de juntarse, besarse, abrazarse y un sinnúmero de nobles y reprimidos sentimientos ocultos por las cuatro paredes y la mascarilla, encuentra su mejor versión, esta sí real, genuina, en la pobreza del lenguaje de 9 de cada 10.

Las españolas y los españoles (cuidemos el género, vaya), tiene seguro que escasas cosas trascendentes en las que pensar, en la medida en que tiene menos cosas que decir.

Un saludo.

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