La nota que sigue.

¿De qué venimos a carecer, esencialmente?, me pregunto.

¡De crédito!, me digo a mi mismo a cada instante, o en el instante en el que me asalta el desconsuelo, la insatisfacción y la verguenza (¡como me jode la diéresis!), que resulta de un nivel de frecuencia estable y perturbador.

Se suma a mi pena, además, que, según ella, ni asomo queda de mi antiguo carácter. Dicho así nomás puede que parezca una opinión como cualquier otra. Pero después de 37 años, no te queda más remedio que admitirlo, en tanto proviene del amor de tus días.

¿Qué se debe hacer para hacer de cuenta de que no ha pasado nada? Porque allí radica la cosa; tal es el comienzo y no termina el dilema. ¡Miras, lees, escuchas … y nada de nada!. ¡Si al menos diera pié a la confianza en el porvenir de nuestra reflexión conjunta, al margen de las diferencias!

Pero carece de sentido, resulta literalmente imposible alentar expectativa alguna. Un empecinamiento ciego se suma a nuestra tradicional cortedad de miras.

¿Razones? ¡Ni una! La lógica del daño mayor infringido por el enemigo, dicta cátedra. Se escriben cientos, miles de artículos “doctos” contra la infamia ajena. Cierta, comprobada, verificable, cargada de crímenes, de horrores, de sacrificios injustificados o justificados en tanto la sangre ajena, la tuya, la mía y la de nuestras hijas e hijos, terror mediante, ha garantizado la preservación del statu quo.

Nuestra conducta ante la propia infamia, cierta, comprobada, verificable, cargada de crímenes, de horrores, de sacrificios injustificados o justificados en tanto la sangre ajena, la tuya, la mía y la de nuestras hijas e hijos, terror mediante, ha garantizado la preservación del statu quo, es la jamás sinceramente practicada autocrítica. Algunas lineas demagógicas. Forzadas confesiones. Apuesta al olvido.

¿Entonces nada vale la pena? ¿Todo es lo mismo? ¿No hay diferencia alguna en el comportamiento de los actores sociales, de las clases en disputa? ¿Da igual el explotador que el explotado? ¿La entrega desinteresada que la búsqueda frenética por el enriquecimiento sin medida? ¿La opción por los pobres a la condición de vil servidor del poderoso?

¡¡Como voy a creer semejante cosa!!

***

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